El calderín de aire: el componente silencioso que sostiene la seguridad del vehículo industrial
En el transporte por carretera existen piezas visibles y piezas invisibles. Unas reciben atención constante como los neumáticos, frenos, suspensión, iluminación. Otras, pese a ser muy importantes para la seguridad, atraviesan miles de kilómetros prácticamente ignoradas. Entre ellas, el calderín de aire ocupa un lugar destacado. Montcada Artículos Técnicos recuerda que el depósito metálico, responsable de almacenar el aire comprimido que alimenta todo el sistema neumático del vehículo industrial, es uno de los elementos más determinantes para garantizar que un camión o un semirremolque pueda detenerse de forma estable y controlada.
Cada frenada, cada maniobra y cada situación crítica dependen de que este depósito mantenga la presión adecuada. No obstante, el calderín rara vez aparece en las prioridades de mantenimiento, lo que genera una paradoja, es decir, un componente barato y relativamente simple se convierte en uno de los puntos más vulnerables de la seguridad vial si no se atiende a tiempo.
Un papel importante en el sistema de frenado
El funcionamiento del sistema neumático es sencillo solo en apariencia. El compresor del vehículo genera aire comprimido; ese aire se almacena en el calderín; y desde ahí se distribuye al resto de elementos: cámaras de freno, válvulas de control, actuadores y otros dispositivos que intervienen directamente en la capacidad de frenado.

El calderín, por tanto, no es un mero contenedor. Es la reserva estratégica de presión. Su fiabilidad garantiza que, incluso cuando el compresor no está activo o se enfrentan variaciones de carga o temperatura, la presión de trabajo se mantiene estable. Desde ese punto de vista, el calderín es un elemento de seguridad activa al mismo nivel que un freno en perfecto estado.
El deterioro invisible: corrosión, humedad y fatiga del material
Los fallos de calderín rara vez se manifiestan de forma evidente. El aire comprimido contiene siempre una cierta cantidad de humedad y, aunque el sistema disponga de purgadores y secadores, el agua termina depositándose en el fondo del depósito. Con el paso del tiempo, esa humedad genera corrosión interna, un desgaste progresivo que no se aprecia desde el exterior y que reduce la resistencia del calderín sin avisar.
Cuando el material cede, el efecto puede ser inmediato y es que la presión cae de golpe, los frenos pierden eficacia o, en el peor de los casos, se activa el freno de emergencia de forma súbita. Ese tipo de frenada brusca y totalmente incontrolada, puede bloquear ruedas, desestabilizar el vehículo, incrementar la distancia de frenado e incluso provocar un incendio por sobrecalentamiento en frenadas críticas.

El resultado final es que un componente que aparentemente “solo almacena aire” puede desencadenar accidentes graves sin dar ninguna señal previa de alarma.
Una vida útil que muchos desconocen
Una de las realidades más preocupantes es que una parte del sector desconoce que un calderín de hierro no debe permanecer en servicio más de 10 años. Pasado ese periodo, el riesgo de corrosión interna y externa se dispara, especialmente en vehículos que circulan por zonas húmedas, sometidos a salinidad o en entornos de elevada variación térmica.
La normativa vigente, UNE EN 286-2:1992, la Directiva 2014/29/EU y la Directiva 2014/29/AB, regula la fabricación y las características de resistencia del calderín, pero no determina cómo ni cuándo debe sustituirse. Y en ese vacío normativo, la prevención se convierte en la única garantía de seguridad.
El papel del taller con inspección y prevención
Los talleres de mantenimiento son el primer actor que puede detectar un calderín degradado. Una inspección visual, una comprobación del purgador, una escucha atenta en busca de pequeñas fugas y un control de la fecha de fabricación son gestos rápidos que pueden marcar la diferencia entre un vehículo seguro y uno que, sin saberlo, está circulando en condiciones peligrosas.
Aun así, la práctica demuestra que el calderín rara vez recibe esa atención. Se revisan frenos, válvulas o compresores, pero el depósito que sustenta todo el sistema neumático queda relegado hasta que aparece una fuga evidente. Y cuando la fuga aparece, el deterioro ya está avanzado.
La recomendación de los fabricantes es contundente y es que no esperar a que el calderín muestre síntomas visibles. La corrosión interna es imposible de reparar y las soluciones improvisadas, como soldaduras o parches, son inaceptables en un componente sometido a presión.
Reemplazarlo a tiempo es una inversión en seguridad y, a largo plazo, también en eficiencia: un sistema de frenos sin fugas reduce el esfuerzo del compresor, evita sobrecalentamientos y prolonga la vida útil de válvulas y actuadores.

La ITV como agente necesario
Actualmente, las estaciones de ITV no revisan el estado real del calderín. Se limita el control al funcionamiento del sistema de frenado, pero no al depósito que lo alimenta. Esa ausencia de inspección permite que miles de vehículos circulen con calderines corroídos o próximos al final de su vida útil.
Una revisión visual básica y una prueba de estanqueidad serían suficientes para detectar la mayoría de problemas. La incorporación de este control en la inspección técnica no significaría burocracia adicional, sino coherencia: si el calderín forma parte del sistema de frenos, su estado debería verificarse como cualquier otro componente crítico.
El calderín debe considerarse un elemento de seguridad crítica, no una pieza secundaria. Y ese cambio requiere la implicación coordinada de conductores, propietarios de flotas, talleres, ITV y administraciones públicas.
En un camión o un semirremolque, cada sistema depende de otro. La seguridad final no es el resultado de una sola pieza perfecta, sino del equilibrio entre todas. Y en ese equilibrio, el calderín de aire ocupa una posición decisiva.
Su importancia es enorme y su mantenimiento, sorprendentemente simple. Revisarlo, controlarlo y sustituirlo dentro de su vida útil es una acción preventiva que puede salvar vidas, evitar inmovilizaciones y proteger la reputación de cualquier empresa de transporte.



