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Frenos, luces y requisitos específicos, los principales motivos de rechazo en la ITV de autocares escolares

Frenos, luces y requisitos específicos, los principales motivos de rechazo en la ITV de autocares escolares
  • Publishedseptiembre 7, 2026

La vuelta al cole no solo llena mochilas, aulas y patios. También vuelve a poner en marcha una parte muy importante de la movilidad diaria: la de los autocares escolares que trasladan cada día a miles de menores hasta sus centros educativos.

En España, aproximadamente 17.500 autocares escolares transportan diariamente a unos 600.000 niños, según los datos difundidos por AECA-ITV, una cifra que ayuda a entender por qué el estado técnico de estos vehículos es una cuestión directamente relacionada con la seguridad vial y la tranquilidad de las familias. 

La Asociación Española de Entidades Colaboradoras de la Administración en la Inspección Técnica de Vehículos recuerda que la ITV cumple un papel importantísimo en este ámbito, ya que permite comprobar que los autocares reúnen los requisitos técnicos necesarios para prestar un servicio sensible por el tipo de pasajeros que transportan. 

Un parque con alto nivel de cumplimiento

De acuerdo con AECA-ITV, el 92,5% de los autocares escolares con una vida media inferior a los once años suele superar las inspecciones sin problema. El porcentaje de resultados favorables se sitúa en el 54% en la primera inspección y alcanza el 85% en la segunda. 

La fotografía general, por tanto, muestra un transporte escolar que cumple mayoritariamente con las exigencias técnicas. Aun así, la entidad pone el foco en un aspecto que conviene no perder de vista como es que la antigüedad del vehículo influye de forma directa en los defectos detectados.

Los autocares en los que se localizan defectos graves y muy graves en la primera inspección tienen una edad media de 10 y 13 años, respectivamente. Cuando esos defectos se mantienen en una segunda inspección, la edad media sube hasta los 12,8 años en el caso de los graves y los 14 años en los muy graves. 

Los fallos que más se repiten

Aunque la mayoría supera la ITV, hay un 7,5% de autocares escolares que no la pasa anualmente. Entre los vehículos rechazados, AECA-ITV señala que se detecta un 62% de defectos graves o muy graves, frente a un 38% de defectos leves. 

Las principales causas de rechazo se concentran en apartados muy vinculados a la seguridad y al propio servicio de transporte escolar. En primer lugar, aparecen las especificaciones técnicas, con más del 29%, donde se incluyen incumplimientos de requisitos específicos para el transporte escolar y de menores, además de incidencias relacionadas con el tacógrafo, la limitación de velocidad o reformas no autorizadas. 

También destacan los defectos en frenos, que representan el 17%, con problemas como una eficacia insuficiente o desequilibrios de frenado entre ruedas de un mismo eje. Les siguen el alumbrado y la señalización, con un 13%, y los fallos en acondicionamiento exterior, carrocería y chasis, con un 11%. 

Además, las emisiones contaminantes suponen el 10% de los defectos y los problemas en ejes, ruedas, neumáticos y suspensión alcanzan el 7%, principalmente por incidencias relacionadas con la suspensión y los neumáticos. 

Inspecciones más frecuentes para un servicio más sensible

Los autocares están sometidos a una periodicidad de inspección más exigente que otros vehículos. Deben pasar la ITV cada año hasta cumplir cinco años desde su matriculación y, a partir de entonces, cada seis meses. 

Desde AECA-ITV, su director gerente, Guillermo Magaz, subraya que el parque español de autocares escolares presenta unas condiciones adecuadas según la normativa vigente y que las estadísticas demuestran que son vehículos seguros. La entidad recuerda, además, que el autocar escolar registra cero fallecidos desde 2012 y una siniestralidad 11 veces inferior a la del coche y seis veces menor que la de otros medios de transporte de pasajeros, según la información publicada por la DGT. 

Con la vuelta al cole, AECA-ITV insiste así en la importancia de mantener en buen estado técnico los autocares escolares y cumplir con las inspecciones periódicas establecidas. Una rutina que muchas veces pasa desapercibida, pero que resulta determinante para que cada trayecto hacia el colegio se realice con las máximas garantías.

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